Dom. May 26th, 2024

    A las puertas de Gaza se respira ardor guerrero y polvo. Cientos de vehículos de transporte de tropas, tanques, camiones y otra infraestructura militar esperan en diferentes puntos del entorno de la Franja la orden para poner en marcha la invasión terrestre. El ministro de Defensa, Yoav Gallant, presentó el viernes un plan de tres fases para derrocar a Hamás, la milicia fundamentalista islámica que gobierna Gaza y que llevó a cabo el sangriento ataque en suelo israelí del día 7. Esa estrategia no contempla que las Fuerzas de Seguridad del Estado judío se queden permanentemente dentro de Gaza una vez den por concluida la operación por tierra. “Claro que queremos entrar”, reconoce Zib, un soldado de 25 años procedente de la ciudad de Yaffa, junto a Tel Aviv. El joven se halla bajo el cañón de uno de los tanques adornado con la bandera nacional mientras conversa con un grupo de compañeros y toman unos refrescos.

    Se encuentran en los alrededores del kibutz Beeri, apenas a tres kilómetros de Gaza, donde está desplegado uno de esos destacamentos. Esta comunidad fue uno de los escenarios de la matanza en la que fueron asesinadas unas 1.400 personas, según Israel. Cientos de uniformados realizan estos días labores de mantenimiento de los carros de combate o matan el tiempo con el móvil a la espera de que las más altas instancias del país los lancen cual ariete contra el enemigo. Las nubes de finísima arena que levantan los tanques al moverse otorgan al lugar cierta pátina épica de película hollywoodiense.

    “No, no se trata de venganza”, aclara el soldado Zib en respuesta a la pregunta de si va a pensar en lo ocurrido en Beeri cuando les llegue el turno de atacar. “Llevamos aquí dos semanas”, explica otro uniformado de 24 años que prefiere no dar su nombre. “Haremos lo que nos ordenen. Cumplimos órdenes”, señala seco sin poder dar más datos ni seguir haciendo declaraciones. Por tres veces los superiores de los soldados, casi todos muy jóvenes, les impidieron conversar con el reportero de EL PAÍS. “Son las reglas. No pueden hablar”, respondió uno de esos mandos al ser preguntado por el motivo de interrumpir las preguntas.

    Tropas israelíes patrullan el interior del kibutz Beeri, una de las comunidades atacadas por Hamás el día 7.Luis de Vega

    El ministro de Defensa afirmó este viernes que Israel se encuentra en este momento en la primera fase del plan. Se trata, dijo, de “una campaña militar que incluye bombardeos y más tarde incluirá maniobras [terrestres], con el objetivo de neutralizar a los terroristas y destruir la infraestructura de Hamás”. La segunda “requerirá operaciones de menor intensidad, con el objetivo de eliminar los reductos de resistencia”, señaló Gallant. Eso significa mantener tropas en el terreno para acabar con la insurgencia, que tiene distribuidos por la Franja a 200 rehenes cuya vida pende de un hilo en medio de la guerra. Hamás liberó este viernes, tras la mediación de Qatar y por razones “humanitarias”, a dos de nacionalidad estadounidense, una madre y su hija.

    La última fase consistiría en la “retirada” israelí de Gaza y “el establecimiento de una nueva realidad de seguridad para los ciudadanos de Israel”, añadió el ministro sin detallar a quién se transferiría la autoridad en ese territorio una vez descabezado el Gobierno de la milicia fundamentalista islámica.

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    El perímetro con valla electrificada que rodea el kibutz Beeri, a tres kilómetros de la franja de Gaza, es un constante ir y venir de vehículos militares y tanques israelíes. Suenan por el aire, como moscardones, los aviones que llevan dos semanas castigando a bombazos a los habitantes de la Franja, donde hasta el viernes han muerto 4.137 personas, según el Ministerio de Sanidad. Mientras, al fondo, sobre la Franja, se eleva una columna de humo a la altura de la ciudad de Gaza.

    En esa urbe permanecen cientos de miles de habitantes pese a la orden israelí de que se desplacen hacia la mitad sur de la Franja, donde se encuentra la frontera con Egipto. Allí, el paso fronterizo de Rafah espera a ser desbloqueado a lo largo de este fin de semana, según dijo este viernes el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Ese es el punto por el que debe entrar la ayuda humanitaria en la Franja para poder hacer frente a la crisis humanitaria que sacude a una población de más de dos millones de personas que viven bajo permanente bloqueo, convertido en “completo” desde hace una semana. Más de un millón de personas han tenido que abandonar sus hogares en medio de los bombardeos israelíes, según la ONU. Entre los objetivos alcanzados en las últimas horas se encuentra la iglesia ortodoxa de San Porfirio, que estaba siendo empleada como refugio por los ciudadanos gazatíes.

    Mientras, dentro de la comunidad de Beeri, donde 100 vecinos de una población de un millar fueron asesinados, se siguen buscando cadáveres y restos humanos casi dos semanas después de la carnicería. El acceso de la prensa a esta zona militar cerrada requiere de un permiso oficial. El ataque de Hamás del día 7 dejó, además, 200 rehenes que fueron trasladados a Gaza y entre 100 y 200 desaparecidos, según datos que actualizaron las autoridades de Israel el jueves. El lugar se ha convertido ahora en un acuartelamiento donde hay también instalados soldados a la espera de avanzar en cuanto se dé la orden de invadir.

    Tropas israelíes apostadas cerca de la franja de Gaza a la altura del kibutz Beeri, una de las comunidades atacadas por Hamás el día 7.
    Tropas israelíes apostadas cerca de la franja de Gaza a la altura del kibutz Beeri, una de las comunidades atacadas por Hamás el día 7.Luis de Vega

    “Siempre es posible que aparezca el cuerpo de alguno de los nuestros o de un terrorista”, explica Amir Golan, de 73 años, integrante de la organización Zaka, encargada de rescatar los cadáveres de los israelíes. Golan ayuda a un joven a encaramarse hasta el primer piso de una de las casas de Beeri que han quedado prácticamente destruidas. “En cualquier sitio puede haber muertos”, añade señalando a las montañas de cascotes y escombros.

    Por las carreteras que transcurren en paralelo a la costa del mar Mediterráneo y que descienden en dirección a Gaza desde el norte de Israel, se ven circular convoyes con camiones que cargan tanques, blindados de transporte de personal, generadores, munición, excavadoras… Los máximos responsables del país se han desplazado en las últimas horas hasta allí para dar ánimos a las tropas. Algunos de esos soldados llevan, como han reconocido este viernes, desde horas después del ataque de Hamás tomando posiciones y esperando avanzar hacia el perímetro de la Franja. “Ahora veis Gaza desde la distancia, pronto la veréis desde dentro”, les dijo el ministro Gallant el jueves. “A por la victoria, ¿preparados?”, les arengó el primer ministro, Benjamín Netanyahu, dando a entender que la invasión terrestre no va a tardar.

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