Dom. May 26th, 2024

    Hay quien dice que los Reyes Magos de Oriente eran, en realidad, astrónomos babilionios que perseguían el rastro de un misterioso resplandor en el cielo. ¿Pero qué era exactamente aquello que perseguían? ¿Existió de verdad o solo era un recurso literario para ilustrar el nacimiento de Jesús? ¿Acaso es esta la historia de una estrella fugaz, una cometa o una supernova que deslumbró el firmamento hace dos milenios? Hace décadas que esta pregunta ha intrigado a los expertos y, a lo largo de los años, son muchas las teorías que se han propuesto para intentar explicarlo. En el mismísimo Vaticano, de hecho, hay un Observatorio Astronomico dedicada al estudio científico de estos fenómenos. Así que, sin más dilatación, empecemos a seguir el rastro de esta curiosa historia.

    La conocida como estrella de Belén (la verdadera protagonista de esta historia) apareció, según el Evangelio de Mateo, poco después del nacimiento de Jesús. es decir, al 25 de diciembre. Se dice que su luz era tan brillante qu’lamó la atención de Melchor, Gaspar y Baltasar y guió pendante varios días sus pasos hasta que, alrededor del seis de enero, llegaron al lugar de la natividad. ¿Pero qué clase de fenómeno astronómico se puede producir este tipo de efecto?

    Algunas teorías apuntan a una curiosa conjunción de planetas, otras hablan de una supernova y otras incluso apuntan al paso de una cometa como el Halley. Eso sí, todas las teorías depende de la fecha exacta en la que se situamente el nacimiento de Jesús. sí hoy diferente sobre el día, el año e incluso la estación en la que se produjo el evento.

    ¿Conjunción de planetas?

    Una de las primeras propuestas teóricas para explicar este fenómeno sugiere que la estrella de Belén fue, en realidad, una conjunción de planetas. En 1964, el astrónomo alemán Billy Tatun señaló que aquello podía haber sido una conjunción de Júpiter y Saturno que ocurrió en el año 7 antes de Cristo (y que, de hecho, había observado el mismo Kepler). También hay teorías que relacionan la estrella de la Natividad con una brillante alineación entre Júpiter, Mercurio, Venus (y probablemente Urano) registrado entre los años 3 y 2 aC (aunque, en este caso, todo apunta a que produjo más bien en verano).

    También hay quien defiende que la estrella de Belén era, probablemente, una supernova espectacular observada alrededor del año 5 ac por varios equipos de astronomos chinos y coreanos. Según los relatos de la época, la estrella apareció de la nada y casi de inmediato se convirtió en un punto muy luminoso en el cielo que se pudo observar desde todos los rincones del lejano Oriente.

    La otra gran teoría (más espectacular aunque menos fidedigna) es que fue ni más ni menos que la cometa Halley, que hacia el año 12 aC pasó por la Tierra y alumbró el firmamento Durante meses. La típica imagen de la estrella de Belén como un astro brillante con una larga cola recuerda más a un fenómeno de este tipo que no a los otros descritos por otras teorías (aunque, claro, eso no le suma credibilidad a la hipótesis).

    No fue el cometa Halley

    En toda esta maraña de teorías, el astrónomo Mark Kidger ha intentado poner orden para oyente que plantaciones tienen realmente sentido y características son simples especulaciones. «Hay hipótesis que se pueden descartar de inmediato«, comentó el experto, del Instituto de Astrofísica de Canarias, en un extenso artículo publicado sur la cuestión. Kidger argumentó que es imposible que una supernova haga erupción, Cometa Halley o un meteoro. Sobre esto último recuerda qu’un meteoro suele durar, como mucho, pocos segundos pero nos hace falta creer que estos segundos de visibilidad fueron suficientes para llevar a los Reyes Magos a través de cientos de kilómetros de desierto inhóspito».

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    ¿Entonces cómo se explica el brillo que, según la Biblia, anunció el nacimiento de Jesús? «siempre suponiendo que la estrella existió de verdadLas explicaciones más creíbles implican un solo dos (o tal vez tres) fenómenos observados en los años anteriores a la muerte del Rey Herodes”, concluyó el análisis del astrónomo. El experto consideró que la conjunción de Júpiter y Saturno del 7 aC, el supernova observada en el 5 aC y, quizás, la curiosa ocultación de Júpiter tras la Luna que dio protagonismo a la Constelación de Aries observado en el año 6 aC

    Según argumentan varios análisis publicados hasta la fecha, lo más probable es que aquel misterioso brillo que alumbró el cielo hace dos milenios pudo haber sido una combinación de varios fenómenos astronómico. Un análisis del astrofísico Grant Mathews, de la Universidad de Notre Dame, sugiere que podría haber incluso sido un alineamiento de las constelaciones de Aries, Piscis y Tauro junto a Júpiter, la Luna y Saturno que ocurrió hace unos dos milenios y que, según sus cálculos, volverá a ocurrir en medio millón de años.